martes 26 de agosto de 2008

En noches de insomnio, Lillet tiene la costumbre de leer viejos textos, de escuchar los latidos de algún blog. Hoy llego al anaranjado Hechizo, desde donde puedo sentir un fragmento de su dolor. Me he quedado sin palabras, y con ganas de regalarle un abrazo.
No sé si sea la lluvia, o la sensación que aún me provoca recordar sus ojos tristes; pero la enfermedad que cubre los silencios de Hechizo esta madrugada me ha llegado a cada rincón del Palacio, como un terremoto que sin motivo aparente le dá cierto toque de nostalgia a estas horas que pasan sin sueño, sin luz y sin mi Valentin...
Mi querido Hechizo color naranja, sólo espero que jamás te hagas gris.

jueves 17 de julio de 2008

Hechizo deja regadas fotografías en el camino. Sus ojos aún lucen impactantes, como el primer día. Los sabores son más intensos en sus labios, y parece que su perfume aún permanece en un poco del azul de Lillet.


Valentin no olvida que hace tiempo fue aquel anónimo Silencio que escuchaba historias, y tal vez por eso ha clausurado temporalmente su espacio en el Palacio.

Lillet echa de menos caricias y miradas, es el momento de una metamorfosis, como dijo Pablo, el hombre que dibuja mariposas...


... aunque las despedidas se añejen en el rincón salino, y Voz resultara ser sólo un Eco de sus propios demonios...

jueves 3 de julio de 2008

Diana esconde secretos bajo su capa verde, y un Narciso medio marchito en sus recuerdos.
Ella mira y no, sonríe y llora; dice lo que no es, pero no lo que es.
Hace mucho tiempo que sus pasos de alejaron de los míos, y volverían a aparecer dos o trés días atrás, aunque sólo mediante fotografías y disfraces nuevos, aún más difíciles de descifrar.
Diana continúa mintiendo sobre su edad, aunque ahora se quita más años. Ella también vive en un Palacio, pero no es azul. La traición la llevó a salir del mío, convirtiéndola en un fantasma que en días como hoy aparece, para después volver a irse a llorar/reír a su rincón de fantasía.

sábado 28 de junio de 2008

Voz habla ya muy poco, y lo que dice muy pocas veces lo entiendo.
Ayer Valentin y sus fotografías me secuestraron toda la tarde. Él era el niño de la corbata, el del moñito negro, el de la sonrisa transparente... ahora es el que algún día devolverá mi corazón de plata, aunque ese día no fue ayer.
Lillet cree que hoy es un buen día para no enamorarse; Valentin sabe que Lilly es una muy mala actriz.

miércoles 25 de junio de 2008

Algunas veces, con lluvia de madrugada, Lillet se asoma por la ventana para sentir la brisa en sus mejillas.

Quisiera salir volando, regalar una caricia, y no regresar.

La última vez que tocó sus labios, tuvo que renunciar a ellos; la última vez que cerró los ojos, le escuchó susurrando su nombre.

Lilly hoy es más azul, mientras el rojo de Valentin decora las paredes.

lunes 23 de junio de 2008

Valentin tiene insomnio.
Lillet está en proceso de habituarse a los desvelos involuntarios.
Cuando Silencio dijo su nombre, bastó un instante para almacenarlo en el Palacio, a todo él. Y aunque hace un par de días Lillet escribió una despedida, algo le hace pensar que llegará el momento en que podrá entregar cartas y cuentas pendientes a su destinatario oculto.
Mientras tanto, ni uno ni otro pueden dormir.
Valentin cuenta historias de madrugadas de domingo para Lilly, desde el recuerdo compartido, cuando aún él era Silencio y ella la que contaba historias.

viernes 13 de junio de 2008

Los sueños etílicos de mi inconciencia me traicionaron nuevamente.
Voz me escribió ayer. Dijo que era egoísta y orgullosa, y posiblemente no se equivoca. Sus sueños también le jugaron bromas pesadas, y la nostalgia se volcó en un intento desesperado de olvido. Extraña a su dama erótica; yo extraño no extrañarme.
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Era mi cumpleaños, había más gente de la planeada. Demasiadas caras conocidas, sonrisas y felicitaciones. Eros tomó el micrófono, y anunció que había llegado "el regalo que me haría la mujer más feliz del mundo". Entonces, Silencio apareció. Nos separamos, no sé por qué; cuando simplemente quería desaparecer, encontré su sonrisa perdida entre los rostros que ya para entonces me eran indiferentes. Y sin palabras, por ser Silencio, me quedé con sus ojos hasta despertar
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