En noches de insomnio, Lillet tiene la costumbre de leer viejos textos, de escuchar los latidos de algún blog. Hoy llego al anaranjado Hechizo, desde donde puedo sentir un fragmento de su dolor. Me he quedado sin palabras, y con ganas de regalarle un abrazo.
No sé si sea la lluvia, o la sensación que aún me provoca recordar sus ojos tristes; pero la enfermedad que cubre los silencios de Hechizo esta madrugada me ha llegado a cada rincón del Palacio, como un terremoto que sin motivo aparente le dá cierto toque de nostalgia a estas horas que pasan sin sueño, sin luz y sin mi Valentin...
Mi querido Hechizo color naranja, sólo espero que jamás te hagas gris.